A MIS HERMANOS DEL ALMA:
Aprendimos a crecer entre el silencio del campo,
Entre aquellos montes donde el amor latía
Cobijados por la majestuosidad de aquel cerro,
Que calaba la tarde bajo la piel de un arcoíris.
Recuerdo aquellos campos, aquellas crías rondando los potreros.
Aquellas gallinas arropando su culeca das de colores,
Aquellas menguantes que acariciaban la piel de las estrellas.
Allí viví con ustedes los más especiales momentos de mi vida.
Recuerdo a la abuela cuando irradiaba ese amor puro
Que siempre dormía en sus adentros, cuando nos mimaba,
Cuando juntas compartíamos una caricia, una palabra un consejo...
Recuerdo a mis tías para las cuales éramos una adoración más en sus vidas.
Para ellas fuimos los hijos que nunca llegaron a sus abrazos, las amaré por siempre.
Por aquellas mangas corría la vida amamantando un abrazo,
Por aquellos caminos tapizados entre hierbas y pantanos
Donde los pichones lloraban entre sus nidos, entre flores y colores.
Recorrimos las pisadas más hermosas por aquellos lisos caminos.
Vivíamos entre el amor de mis padres que juntos luchaban por sus sueños,
Entre conos y paletas, entre camperos y tractores, entre llantos, entre risas,
Entre bultos de papas, entre abonos de costal blanco, entre pastizales.
Entre misas de 12 los domingos, entre la ropa de colores que nuestra madrecita
Dibujaba con sus manos blancas y puras como el agua que bajaba de la sierra…
Luego la ida de mi padre entre silencios profundos, entre llantos, entre quejas,
Entre reclamos que nadie respondía a nuestros sufrimientos de niños inocentes.
Durmiendo bajo la tristeza que embargaba a nuestra madrecita, es dura la vida a veces.
Luego vino la finca de doña Rosalba, aquella cabaña donde me hice mujer y aprendí que la vida a todos nos guarda sus recompensas, y que a pesar de tan divertidos sufrimientos, aprendí que en la vida no hay que sufrir con lo que se carece, sino a gozar con lo poco o mucho que se tiene.
Allí aprendí que los sueños se hacen realidad cuando le metemos ganas y coraje, aprendí que en la vida a veces cometemos errores, pero es ahí cuando debemos sacar fuerzas para corregir y voltear el giro de nuestras proyecciones desviadas.
Luego el tiempo que camina a la velocidad de un potro desbocado, me enrutó en sus caminos, luego el amor, mi matrimonio con Jorge, quién a pesar de todo ha sido un apoyo más en los caminos hermosos de mi vida…
El tiempo corre veloz y sin espera, nos marca como ganado herido, nos transporta como vagón rodante y descarrilado por diferentes caminos.. Pero gracias a Dios de los cielos estamos ahora más que unidos gracias al apoyo y al tesón de nuestros padres quienes han guiado los caminos de nuestras rutas alimentadoras del tiempo que vivimos…
Hoy dedico éste corto relato a mis seis hermanitos, y a mis padres, a todos ellos quienes han forjado mis mejores pasos por ésta trayectoria de mi vida.
A mi esposo Jorge un bastión más,
Y en especial a mi hija Alejandra.
Los amaré a todos por siempre…